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Lo que el terremoto de Venezuela nos recuerda sobre nuestra forma de protegernos

El pasado 24 de junio, dos terremotos seguidos sacudieron Venezuela en cuestión de minutos. Magnitudes 7,2 y 7,5. Fallecidos y desparecidos que se cuentan en miles. Carreteras agrietadas, edificios totalmente destrozados, ciudades enteras en estado de shock. La falla del Caribe había liberado en dos etapas la tensión acumulada durante años. Y al ver las imágenes, a más de uno le asaltó la misma pregunta:¿y si esto pasara aquí?

En España no estamos exentos. Lo recordamos el 11 de mayo de 2011, cuando un terremoto de magnitud 5,1 destrozó Lorca, dejó nueve fallecidos, más de 300 heridos y miles de viviendas dañadas.

La diferencia está en lo que ocurre después de la tragedia. España cuenta con algo casi único en el mundo: el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS). Una entidad pública que asume los llamados riesgos extraordinarios: terremotos, inundaciones, tempestades atípicas, erupciones volcánicas o terrorismo. Y responde ante estas catástrofes, sin que tú lo notes, gracias a un pequeño recargo incluido en casi todas las pólizas que firmamos.

Lorca fue su prueba de fuego. El CCS gestionó cerca de 31.000 solicitudes y abonó 495,2 millones de euros para reconstruir hogares, comercios, industrias y vehículos. Sin ese sistema, miles de familias habrían quedado a su suerte. Con él, la reconstrucción fue posible.

Más recientemente, tras la DANA de octubre de 2024 en Valencia, el CCS ha gestionado más de 251.000 solicitudes y pagado más de 4.433 millones de euros. No es teoría: es un mecanismo real que funciona cuando todo lo demás se rompe.

Pero hay un detalle crucial: para que el Consorcio te respalde, tienes que tener una póliza de seguro vigente. Sin seguro, no hay Consorcio.

Por eso, cuando vemos imágenes como las de Venezuela, conviene recordar que aquí también tiembla la tierra, también llueve con violencia. En nuestra correduría te ayudamos porque la diferencia entre rehacer una vida o no poder hacerlo a veces cabe en una sola palabra: seguro.

No podemos terminar este artículo sin pensar en las víctimas de Venezuela. Desde aquí, nuestro más sincero pésame a las familias que han perdido a un ser querido, y todo nuestro ánimo a quienes hoy intentan reconstruir su vida entre los escombros. Ojalá la ayuda internacional llegue rápido y la reconstrucción sea posible cuanto antes.

 

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