En algún momento del siglo XV, alguien se sentó a escribir, uno por uno, más de mil nombres de perros. No era un capricho: era un inventario real, organizado alfabéticamente, con nombres como Héctor, Lanzarote, Blanche o el irónico Filthe (suciedad). Aquel manuscrito medieval, hallado en Herefordshire (Inglaterra), demuestra algo que cualquier dueño de mascota ya sabe: los perros nunca han sido «solo animales».
Hace más de 500 años, cada perro de era conocido por su nombre y su raza. Hoy, nuestros perros y gatos tienen nombre, cama propia, su sitio en el sofá y, en muchos casos, una agenda de veterinario. Lo que ha cambiado es que ahora podemos protegerlos como se merecen.
Un seguro de mascotas cubre lo que más preocupa cuando algo va mal: urgencias veterinarias, cirugías, tratamientos por enfermedad y, en muchos casos, también responsabilidad civil por daños que puedan causar a terceros. Porque querer mucho a tu mascota está muy bien, pero una factura veterinaria inesperada de varios cientos de euros puede complicar tu economía familiar.
El conde medieval Gastón Phébus, que llegó a tener más de 1.500 perros, describía al can como «la bestia más razonable creada por Dios». Seguramente, si hubiera existido un seguro de mascotas en el siglo XV, habría sido el primero en contratarlo.
Proteger a quien te recibe moviendo la cola cada día es más fácil y asequible de lo que piensas, sólo tienes que consultarnos. Podemos ver las mejores opciones del mercado que encajan contigo.




